Dinamo en la rueda delantera de una bicicleta, por dustpuppy, en Flickr (19349439), con licencia CC by-sa

Revisando el artículo del otro día sobre luces para bicicleta, hemos detectado una omisión imperdonable: las luces alimentadas por dinamo. Es cierto que, en términos relativos, las dinamos apenas están presentes en una pequeña fracción de las bicis que se usan hoy día por estas tierras, pero no está bien que las ignoremos por completo.

El principio de funcionamiento de una dinamo es bien conocido: es un sencillo generador eléctrico que produce electricidad a partir del movimiento, por inducción electromagnética. En cierto modo, es un motor eléctrico que funciona “al revés”. Las dinamos de bicicleta son la forma más simple de dinamo y carecen de muchos de los elementos  que caracterizan a una dinamo “de verdad”.

Dinamos de botella

Las dinamos de bicicleta clásicas, llamadas “dinamos de botella” por su forma característica, son un dispositivo que se fija a la horquilla y que, mediante un sencillo mecanismo de giro, pueden acercarse a la rueda hasta que el cabezal rotatorio de la dinamo entra en contacto con la llanta o el neumático. El movimiento de la rueda se transmite así a la dinamo que, a su vez, lo convierte en electricidad. Sobra decir que esa generación de electricidad se produce a costa de una parte de la fuerza que realizamos al pedalear,  por lo que tendremos que hacer un esfuerzo adicional para compensarlo.

Dinamos de buje

Cada vez más, son también comunes las dinamos de buje (el elemento por el que pasa el eje de la rueda y del que parten los radios). Generalmente, en estos modelos no es posible detener la generación de electricidad, por lo que nos restan energía del pedaleo incluso cuando no la estamos aprovechando pero, a cambio, suelen ser notablemente más eficientes que las dinamos de botella y dificultan menos el pedaleo, por lo que este inconveniente queda amortiguado.

Por qué usar una dinamo

La principal ventaja de una luz alimentada por dinamo es que no tenemos que estar pendientes de si nos quedaremos sin batería a mitad de camino, llevar pilas de repuesto, etc. Para un uso intensivo del alumbrado, puede ser una solución muy adecuada. Además, muchas dinamos de buje son capaces de generar una potencia considerable, lo que permite usar luces realmente intensas.

Qué dinamo elegir

Por seguridad, lo ideal es contar con un sistema que incorpore algún tipo de acumulador o de batería de respaldo: si sólo contamos con la dinamo, la luz no se encenderá cuando estemos parados en, por ejemplo, un semáforo o un cruce.

Puestos a elegir entre una dinamo de botella o una de buje, hay que tener en cuenta que estas últimas son notablemente más caras. Mientras que una dinamo de botella muy simple puede costar apenas 10 euros, un buje con dinamo “normalito” costará unas ocho o diez veces más, y modelos más avanzados pueden alcanzar los 300 euros fácilmente. Todo eso sin contar la rueda en la que hay que montarlo, las luces, el cableado, el acumulador… una inversión duradera en componentes de calidad y de alto rendimiento pero que sólo se justifica si realmente vas a hacer un buen número de kilómetros nocturnos, ya sean por la ciudad o en el cicloturismo.

Para un uso más moderado de las luces de tu bicicleta, lo más probable es que el equilibrio entre inversión y servicio lo consigas con luces alimentadas por pilas o baterías recargables.

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