Mensajero en Fixie, por kamerakamote, en Flickr (5580879863) con licencia CC by-nd

En Ciclando, hablamos mucho de fixies. Esto es así porque la fixie es la bicicleta que representa la quintaesencia del ciclismo urbano, aunque no tanto por sus características como por su carácter icónico. Sin embargo, no todos tenemos claro qué es una bicicleta fixie. Vamos a intentar aclararlo.

El término fixie (también, fixifixed) proviene de la expresión inglesa fixed gear que podemos traducir por “marcha fija”. En esa frase, se concentran las dos principales características de estas bicis: sólo cuentan con un marcha que, además, es de tipo “piñón fijo”, es decir, el piñón gira de forma solidaria con la cadena y, por ende, con los pedales.

Por si no queda claro: en una bicicleta “normal” (nótense las comillas), si dejas de pedalear la bicleta sigue avanzando, sin más, mientras tú dejas los pedales quietos; incluso puedes pedalear “hacia atrás”, sin que eso afecte a la marcha de la bicicleta. Esto es así porque las bicicletas “normales” llevan “piñón libre” o “rueda libre”, un mecanismo que hace que la rueda trasera pueda girar sin que el movimiento se propague a la cadena. En una fixie, en cambio, el piñón fijo hace que todo movimiento de la rueda trasera se transmita a los pedales (y viceversa, incluyendo el pedaleo hacia atrás). Así, si vas cuesta abajo con una fixie, tus pies seguirán en movimiento no por la fuerza que hagas sino por el movimiento de la rueda.

Ventajas… y desventajas

Este sistema tiene casi tantos amantes como detractores. Entre sus ventajas, destaca una mayor ligereza y simplicidad, al carecer de sistema de cambio y de freno trasero (no lo necesitas, pues la rueda de atrás se frena con los pedales). Quienes las aman se enamoran de la sensación de unidad con la bici que se produce cuando tu cuerpo va acompasado con la velocidad. Menos componentes también significa menos cosas que pagar (al menos, en teoría), menos cosas que mantener y que se te puedan estropear y, en última instancia, menos cosas que te pueden robar si la aparcas en la calle.

Quienes no terminan de verse seducidos por la fixie suelen argumentar desventajas relacionadas con la seguridad, por aquello de tener que ir bloqueando la rueda trasera cada dos por tres y con la incomodidad de no poder dejar de dar pedales en ningún momento. Además, en una fixi sólo tienes una marcha, por lo que afrontar cuestas exigentes puede hacerse complicado. Existe la idea de que, en realidad, la solución fixed es mucho menos elegante en términos técnicos y prácticos y que hay un importante componente de esnobismo en su auge actual.

Las fixies deben buena parte de su popularidad a los icónicos mensajeros ciclistas de Nueva York, sorteando el terrible tráfico de Manhattan son sus fixies de manillar estrecho y sin frenos (son muchos quienes, en pos de la máxima simplicidad, tampoco usan freno delantero en su fixie), manteniendo el equilibrio en los semáforos (un track stand). Resulta difícil saber si lo que es adecuado para un colectivo concreto, o para realizar peripecias acrobáticas, es también adecuado para un ciclista urbano cualquiera… seguramente, la mejor forma de saber si las fixies son para ti es probándolas, así que no dejes de hacerlo si tienes oportunidad.

El problema del precio

Curiosamente, las bicicletas de piñón fijo no suelen ser especialmente baratas. Tienen un componente de “capricho” muy grande y quienes las usan suelen verlas como una inversión a largo plazo, así que no es raro que los modelos más habituales superen los 1.000 euros. Para evitar estos precios elevados, muchos optan por construirse sus propias fixies, partiendo de cuadros de bicis de carretera antiguas.

Sin embargo, cada día hay más opciones más económicas, buenas ideas para probar si estás hecho para las fixies. Un ejemplo son las que puedes encontrar en Santa Fixie, con modelos que empiezan por debajo de los 300€.

Si te cuesta dar el paso…

Si no estás convencido de que lo tuyo sean las bicis fixis, quizá deberías contemplar una alternativa híbrida: los bujes de tipo flip-flop. Se trata de ruedas que incorporan dos piñones, uno a cada lado, uno fijo y el otro libre, para optar entre una fixie pura y una configuración single speed (monomarcha), pero con rueda libre. Para pasar de un modo a otro sólo tienes que quitar la rueda, darle la vuelta y volver a colocarla. No es algo que vayas a hacer en un semáforo, desde luego, pero te puede permitir pasar de un modo a otro en función de lo que vayas a hacer ese día con la bici o para alternar temporadas de uno u otro uso.

Una última nota

Aunque las fixies son máquinas principalmente urbanas, el concepto de piñón fijo también tiene sus seguidores en la carretera y, sobre todo, en el ciclismo en pista, donde es la configuración obligatoria para las bicicletas.

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